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Posts Tagged ‘Vivencias’

En Viaje (R)

VadoeRientro 

 

Tiempo atrás, en Septiembre de un año cualquiera, en el aeropuerto, esperaba  el momento de abordar el  avión.  El viaje lo  iniciaba con una sensación indefinida, de pérdida, premonición le llaman… Era la primera vez que me sentía de esa manera antes de iniciar un viaje. Tenía unas ganas enormes de dar por terminado todo,  no partir.

Pocos  antes de abordar, me encontré con un conocido a  quién no veía desde hacía mucho tiempo.  La verdad,   era la persona que menos hubiera deseado encontrar, ese día, en ese momento, en ese lugar.

Después de conversar sobre la nada y tomar un café, poniéndose serio me preguntó;

“¿A dónde vas?”

De mala gana y molesta por la pregunta, le respondí

“No tengo la menor idea”

“¿Y cómo sabrás que has llegado?” me dijo

A este punto, no me quedó más que sonreír  lo mejor que pude y  respondí:

“¡Buena pregunta!” y  me despedí rápidamente.

Del viaje, no hablo, pero lo que todavía me impacta y recuerdo, es la pregunta que me hizo esa persona:

“¿Y cómo sabrás que has llegado?”

¿Cómo sabré que he llegado?

En el recuerdo, los años de juventud;  en el recuerdo y grabado a fuego, las palabras de un chaman de las tierras de Otavalo en el Ecuador,  momento preciso en que sancionó mi caminar por esos caminos diciendo:    “Tu alma, vagabunda, te hará  abandonar cada lugar en el cual creas que has encontrado un amor.  Jamás sabrás si has llegado para quedarte”.

Hasta hoy, casi al final de mis caminos, tengo la sensación que aún no he llegado.

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Santiago, 14 Diciembre 2012.

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Nuestra Revista Verbo (des) nudo ha cumplido un año de vida y lo hemos celebrado en compañía de nuestros amigos y amigos colaboradores,  en una hermosa reunión plena de amistad y compañerismo.

En este año nos permitimos hacer realidad un sueño largamente acariciado y ahora esa idea lejana,  se ha cumplido con creces.

Todo sueño dormido necesita de un catalizador para convertirlo en realidad, y aquí me permitiré transcribir las palabras de nuestro Editor, Fidel (Gino) Ginoris, poeta, pensador, gran amigo y motor en la realización de este logro.

 

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“Verbo (des) nudo llega hoy a su primer año.  Siete números, siete entregas frescas, diferentes, sinceras, ese es el resultado de un sueño que dejó de serlo en el minuto exacto en que se imprimió la primera hoja, la primera carátula; la piedra fundacional esta vez fue de papel y lo seguirá siendo mientras quede alguien dispuesto a leernos”

Las palabras precedentes me interpretan plenamente, es un sueño cumplido y con resultados que han ido más allá de lo jamás me hubiera podido imaginar.  Doy gracias a todos y cada uno de mis amigos de Verbo (des) nudo por este año tan fructífero.

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En la misma oportunidad celebramos el lanzamiento del tercer libro emitido por nuestra Editorial Verbo (des) nudo durante este año.  El Poemario “El baúl de Gaspar” del poeta Sr. Luis Arturo Cerón F., gran amigo y miembro de nuestro Colectivo;  libro que sale de las manos de su autor para recorrer el sendero hasta sus lectores.

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El cono de La Campana, una leyenda

Habíamos emprendido la subida desde el Sector El Granizo. Nos hacía ilusión recorrer las huellas dejadas por Charles Darwin en 1834.

Una caída estuvo a punto de impedir la subida, nada peligroso, pero al rozar el tronco del árbol me había herido el brazo y hubo un momento de duda, seguir subiendo o devolvernos a la entrada del Parque.

La subida al Cerro La Campana, era una caminata largamente deseada, sin embargo, tú estabas en la duda y mientras hablábamos, no nos dimos cuenta de la aparición del viejito. Con calma y con su acento de campo, dijo que no me convenía continuar así;  y sin emitir otra palabra, te indicó con la mano que te alejaras y comenzó a hacer una pequeña fogata con las ramas bajas de un Canelo.  Eso fue lo que dijo, que ese árbol se llamaba Canelo. No tardó en extinguirse el fuego y ya habían cenizas en la parte exterior de la fogata.  El hombre tomó mi brazo y con cuidado fue depositando las cenizas hasta cubrir la herida y luego, colocando algunas hojas frescas a modo de venda, las amarró con una liana corta que desprendió de un árbol cercano.  Después, serio, me dijo “ya puede seguir”.  Lo miré agradecida. No sabía cómo retribuir su ayuda y mirándolo, le sonreí disculpándome.  

Me dijo la acompañaré hasta donde está su amigo, para que no se pierda”.  No era una gran distancia, pero el camino daba varias vueltas. Mientras caminábamos, me dijo “su mirada es directa, señorita, eso me indica que usted viene solamente a visitar el Cerro sin ninguna mala intención”  Le respondí sorprendida, que no me imaginaba qué otra intención podríamos tener más que conocer el Cerro La Campana, hasta donde se pudiera llegar.  

Mientras subíamos, le pregunté si conocía alguna leyenda de la zona; que me gustaría conocer la historia del lugar.  Me respondió que la historia del Cerro era muy larga, pero que me podía contar lo sucedido con el cono que existía, mucho años atrás, en la punta más alta.  Al mirar a lo alto, noté que efectivamente al cerro en forma de campana, le faltaba el cono y lo miré sorprendida.  “Usted, señorita, creía que el cerro era una campana perfecta?”  Más sorprendida aún, le respondí que nunca me hubiera imaginado que al cerro le faltaba el cono!  

Así fue como comenzó a contarme que cuando recién llegaron los españoles a la zona central de Chile,  los indígenas de la etnia Picunches se comunicaron unos a otros el mensaje: los conquistadores no venían en son de paz , sino que los movía la ambición por el oro. Se decía que en el Cuzco habían dado muerte al Inca Atahualpa para apoderarse de su fortuna; y que el resto de la familia real Inca se había tenido que retirar hacia una ciudad cerca de la cordillera (“Machupichu”) hasta donde habían llevado el resto de sus tesoros y a sus mujeres para que no cayeran en manos de los invasores.  

Le escuchaba atentamente, sin sentir el paso de los minutos, pero sabiendo que tú me esperabas más arriba.

Me contó que los habitantes de Gulmué, como se llamaba en esa época la zona de Olmué, se reunieron y llamaron a sus Machis;  éstos decidieron retirar la cumbre de oro que habían levantado año tras año, a modo de veneración al Sol en lo alto del Cerro de La Campana. Le encargaron al hechicero que hiciera la rogativa, para que el cerro accediera a esconder el tributo que habían construido.  El cerro, conmovido por los ruegos de los habitantes y el conjuro del brujo, abrió una compuerta, y a medida que seguían las palabras del hechicero, comenzó a cobijar en sus entrañas misteriosas el dorado metal que antes le coronaba. El brujo, sereno, con su alma en paz, siguió con su conjuro, aceptó en calma el violento terremoto que se produjo al momento en que el cerro acogió al cono de oro. Sus labios continuaron emitiendo palabras, en tanto que sus brazos, extendidos horizontales, bajaban lentamente a medida que el cono bajaba hasta las entrañas de la montaña, hasta convertirla en su morada. El final del descenso fue coronado con miles de estrellas que salían desde el Cerro hacia el cielo.  El brujo quedó solo al final del conjuro, acompañado tan solo por los cóndores que habitaban el lugar, los que espantados por el ruido y las luces de las estrellas, huyeron a sus nidos. Finalmente en esa noche oscura solo se escuchó el llanto de los hijos de estas tierras, quienes bañaron con sus lágrimas las laderas del Cerro e hicieron crecer así, los árboles en las laderas.

Los años han pasado y la leyenda se transmite de boca en boca y quien visite el Cerro La Campana podrá darse cuenta que el Cerro está trunco, le falta su corona. Es en esa misma cumbre, señorita, donde permanece el brujo, prisionero en las entrañas del cerro, guardián celoso del oro dedicado a los dioses, el que no ha sido profanado por ser humano alguno. Cuentan que en las noches invernales se oye su lamento, como el sonido de un kultrun. (*)  Son sus lágrimas saladas que salen de la montaña, las que han formado mares que bajan entre las piedras. Se dice, señorita, que el cono de oro de la campana algún día será encontrado y hará la fortuna de su feliz poseedor”

Al llegar a ese punto, dio la vuelta rápidamente y desapareció de mi vista. Quedé desconcertada, sin poder orientarme. Me volví y ví tu silueta apoyada en esa piedra grande. Me acerqué despacio y despertaste sobresaltado… ¿Cuántos minutos habían transcurrido?  

La luminosidad era extraña, me di cuenta que estaba amaneciendo….

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(*) Kultrun: tambor mapuche.  Es un instrumento musical de percusión que se utiliza en actividades y ceremonias mapuche de distinta índole.


 

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De dudas y malos pasos

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He caminado tanto

paso a paso

a lo largo de los tiempos.

Si un buen día me aburro,

retorna la rebeldía,

y comienzo a caminar

dando pasos hacia atrás,

será que ando en malos pasos?

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En un suspiro lento… (r)

(Marzo 14, 2010)

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En un suspiro lento abrió los ojos.

Ante sí,  en sus labios,  percibió el recuerdo de un sueño reciente.

Con sorpresa y en otro suspiro lento, se repitió que  no tenía sueños a recordar.  No se quedaban en su memoria, nunca en su vida.

Era el primero.

No sabía qué hacer con él, era tan real!

Y para no olvidar, lo tomó amorosamente,

volviéndolo vivo, escribió

“Soy una gota de lluvia y  estoy cayendo sobre ti” 

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Te Pito o te Henua (*)

Te Pito o te Henua

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La Fiesta Tapati(**)  merece ser vivida una vez en la vida!

Resentía no tener los frescos movimientos de niña, cuando nos enseñaban los bailes típicos del país, incluidos los de nuestros territorios insulares.  Mis preferidos eran el Sau Sau y el Tari-Tarita.  Ahora, es cierto, los años han pasado y estando en la Isla, me hubiera gustado bailarlos bien…en fin!

La reunión informal con amigos Isleños había sido organizada por dos amigos del Continente, avecindados por esos lados desde mucho tiempo atrás,  con miembros de uno de los mejores grupos de bailes autóctonos de la Isla.

Samuel, hizo las presentaciones,  y yo, saludaba,  agradeciendo la acogida.  Entre bailes y risas, mi amigo dijo en voz alta, que si querían contarme alguna leyenda de amor de Rapa Nui, yo sería una buena receptora de las historias, a lo que respondí pidiéndoles que me contaran lo que quisieran, no importando si era una leyenda de amor o no.

Los Isleños saben el impacto que provocan en las mujeres del Continente! Uno de ellos, tomando la palabra, me dijo sonriendo que la leyenda de amor la tendría que contar yo, a lo que rápidamente y sonriendo, le respondí que, en ese caso,  aceptaba una leyenda sobre los antepasados Rapa.

Se sentó cerca y comenzó a contar (mientras la audiencia permanecía en silencio) que esta Isla,  es la tierra donde llegó el Ariki (***) Hotu Matua, huyendo de una catástrofe en su lejana Hiva (denominación de un lugar desconocido).  El Ariki llegó en dos grandes embarcaciones, trayendo consigo a su esposa Vakai A’Vcka, a su hermana y una gran comitiva; portaban también un cargamento de semillas, plantas y aves.

Según cuenta la tradición transmitida oralmente, el cuñado de Hotu Matua, el Ariki Túu Ko lho, un día llegó a Puna pai y vio  a dos seres sin carnes, espíritus-demonios de otro mundo que yacían dormidos, eran Hitirau y Muko te Manó.  Otro espíritu o  Aku aku, que veía la escena desde un cerro cercano, les gritó:  “Despertad! el Ariki los ha visto.  Despertad, dormilones”!  Se despertaron los dos espíritus y cubriendo sus esqueletos con la carne, se alejaron del lugar como personas vivas y logrando, posteriormente, capturar al Ariki.  Lo interrogaron por muchos días, sometiéndolo  a duras pruebas para que confesara si los había visto en su desnudez.  Túu Ko lho negó todo, hasta que un día se convencieron y lo dejaron libre.

Pasó algún un tiempo, y  una noche en que  Túu Ko lho estaba cerca del fuego de un curanto, sacó tizones de madera de Toromiro y en ellos talló las figuras que había visto.

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Este fue el nacimiento de la escultura de madera Moais-Toromiro, expresión que representa a los espíritus o Aku Aku.  Cuerpos descarnados, de vientre hundido y costillas (kava kava) levantadas, son los Moais Kava-Kava.  Túu Ko lho dio origen, con este tallado, a la tradición ancestral de colocar en cada cueva habitada o casa, junto a la entrada, estas estatuillas buscando protección y defensa para la familia.  Éstas son traspasadas de generación en generación y jamás son entregadas a otros.  Son de propiedad familiar.

En el tiempo del Ariki creador de las esculturas en madera toromiro, llegaron los “Hanau Eepe”  sin sus mujeres.  Eran hombres corpulentos y se distinguían por tener el  lóbulo de sus orejas largo. Fueron llamados “Tanata Hanue Eepe” (hombres de raza ancha).  En cambio  los hombres del Ariki Hotu Matua se llamaban  “Tanata Hanau Monoko” (hombres de raza delgada).

Los Orejas Largas fueron los creadores de los Moais tallados en piedra, cuya mayoría se encuentran tumbados con el rostro hacia la tierra.  Los recién llegados se mezclaron con las mujeres de la Isla, tuvieron muchos hijos, y además pretendieron dominar la Isla…siendo finalmente exterminados por los Tanata Hanau Monoko, quienes, se cree, como signo de victoria, derribaron los Moais tallados en piedra.

El narrador se detuvo en ese momento, sorprendiéndonos, y con una amplia sonrisa, nos dijo:  “Yo soy un representante del Ariki Hotu Matua, soy un oreja corta y soy un vencedor”!!

Por mi parte, agrego que,  aunque no quiero mencionar su nombre, le estoy muy agradecida a este isleño de familia Rapa por su narración.  Hoy la dejo entre mis escritos, para no olvidar mis pasos por Rapa Nui en la Fiesta Tapati, dos años atrás.

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http://youtu.be/WLYlEmlHdOY

 

 

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(*) Te Pito o te Henua: Ombligo o centro de la tierra.  En lengua autóctona, a Rapa Nui también se le conoce con este nombre

(**) Fiesta Tapati:  cada año, desde el 29 de enero al  12 de febrero

(***) Ariki: Rey

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Alas de Libertad (R)

Imagen tomada de la Web

Alas de Libertad

(escrito el 22 Agosto 2008)

Mil años atrás  -bueno no tantos-   el deporte de los Alas Delta comenzaba a verse por estos lados. Los fines de semana, especialmente los domingos, en los cerros altos de La Reina, se juntaba un grupo de todas las edades, primero para ver a nuestros héroes, con la curiosidad típica nuestra y para contar, uno a uno, los porrazos que se daban los más aguerridos. Poco a poco, los más entusiastas se iban uniendo al Club y finalmente algunos, los menos, se compraban un Ala Delta.

Nosotros estábamos entre los que, teniendo mucho interés, no nos alcanzaba el dinero para comprar el objeto de nuestros deseos…. y comenzamos a usar los Alas del Club. Concurríamos religiósamente y con gran entusiasmo a las clases teóricas, largas, largas, largas….hasta que finalmente llegaba la primera clase práctica!

Machistas como éramos, somos  y creo que seguiremos siendo (bueno, no lo puedo asegurar, ciertamente) al muchacho-acompañante-compañero-marido, le tocó la primera clase práctica…dejando a la muchacha-acompañante-compañera-esposa con los ojos largos, roja de rabia, zapateando de indignación!

La cosa era así:  se subía hasta la punta del cerro con el Ala a cuesta, se colocaba el Ala Delta en la espalda (una tremenda estructura), se ajustaban los arneses, bien seguros….camirar hacia atrás….concentración…cara de concentración…se tomaba vuelo corriendo hacia adelante…ta-ta-ta-tán…salto al vacío y poniendo el cuerpo en forma horizontal al Ala…….a volar se ha dicho! A disfrutar esa sensación de libertad que te da saber que estás volando tú solo, por tus propios medios, con tus propias habilidades (o bien, con tus escasas habilidades)!    Claro está que después de los primeros segundo de alegría, tienes que pensar en aplicar lo estudiado y maniobrar bien la parte delantera del arnés con el cual diriges el Ala Delta y ver cómo te las arreglas para aterrizar en forma digna.

Después de varias semanas, mirando como el muchacho-acompañante-compañero-marido se lucía delante de las chicas que abundaban por el lugar, me tocó a mí!   Cómo estaba yo de contenta! Lo había ensayado tantas veces, cuánto correr, cómo tomar vuelo, la concentración…y finalmente el salto al vacío!

Tal y cual! Lo planeado, se hizo! Todo impecable! Iba planeando, yo,  volando por mis medios…

Libre…..

Libre…..

Libre…..

Feliz….

y…..

PLAFF PLAFF……aterrizaje en la copa de un árbol-espino! Qué cantidad de espinas tiene un espino! Se pasó! 

Cuando me lograron bajar del espino me di cuenta que estaba rayada entera, los brazos, la cara, la ropa…. Todos me miraban con simpatía y me daban ánimo….claro, era mujer…y habían dado por descontado que algo iba a andar mal!

En tierra firme y con la dignidad a medio camino, traté de arreglarme un poco y me aparté del grupo para respirar y en ese momento, en ese preciso momento,  sentí una vocecita delgadita que salía desde dentro de la panza….

– “Oye….a ti te digo, tú que serás mi futura mamá…te digo, si me vuelves a hacer esta gracia…te juro que no nazco!”

 – ” Te lo advierto! Que no se diga que no te lo advertí”!

Y bueno…. hasta ahí no más llegó el tema de los Alas Delta para esta muchacha-acompañante-compañera-esposa-futura mamá…..!!

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